Cuando me enfermé de Virreyes, estuve casi seis meses en camas diferentes. De entre todas las cosas que puedo contar sobre tan feo virus, la que más se me antoja es platicar sobre mis diez minutos de fama.
Mi novia dice que la mejor versión de mi es aquella que es sarcástica, burlona y sardónica; claramente no conoció mi lado artístico. Durante los (quisiera decir noventas u ochentas para sentirme y verme más -en onda-) años agrios de mi post-adolescencia, durante mi corta estancia en la universidad,conocí a una chica que vivía en el hotel Virreyes. Sí, nos dimos nuestros besos, no, no pasó absolutamente nada más; eramos cuatas piscianas con un gusto muy particular por la música mala, mala. Diana es su nombre, su apellido no lo recuerdo pero me acuerdo perfectamente de que -casi- nos hicimos famosas. Otro huésped en el hostal donde ella se hospedaba tenía una mini-disque carrera artística, se decía manager de un fulanito que sólo conocían en su casa. Por desgracia, Diana era de las veinte personas que conocían a este guey y se deslumbró con el representante. Gordo, feo, sudado y mañoso, se paró delante de nosotras y propuso la idea del millón: una banda de rock de chicas en chi-chis. Yo dije:
"¡Ay guey!, con esto sí que hago mi vida de rockstar, más drogas, más dinero y más intensidad"
Diana me dijo:
"Göey, (con acento norteño), este tipo es famoso, es un chingón, yo he leído sobre él, es una súper oportunidad, ándale, vamos a hacerlo, Moni"
No tenía yo 16 años, ni 14, ni 18, tenía 20 o 21 años, ya estaba bastante huevoncita y ya había peleas en mi coliseo cuando esta estúpida idea apareció como carrera de vida; la verdad, la verdad es que me gustaba lucirme y llamar la atención. Para ese entonces traía el pelo rosa pastel y cinturón de estoperoles. El primer ensayo fue fenomenal, eramos tres pendejas y un obeso vestido de Alex Lora jugando con las batacas (¡Baquetas! me grita Natalia) en un jodido cuarto con vista al mercado de pescado de eje central. Yo, con mi fluido talento para hablar inglés, quedé como vocalista; Diana y otra morrilla eran coros. Me estoy dando cuenta de que creo que nunca conocí a quienes tocarían la batería y demás instrumentos; sólo eramos las tres cochinitas y el lobo feroz. Nuestra primera canción fue:" What if God was one of us?" de Joan Osborne. Ensayábamos una y otra vez, nos daba "indicaciones" de cómo subir y bajar el tono de voz sin que se escuchara feo, nos regañaba al pegarnos demasiado al micrófono y popear, en fin, era todo un experto y nosotras aprendíamos de él. ¿Mencioné que mientras aprendíamos le enseñábamos las chichis? Ajá, el creía que sería una grandiosa idea que formáramos un grupo de chicas sin playera, como uno que había existido en los años sesentas; pensó que revolucionaríamos, nuevamente, la industria musical para las mujeres. Pedazo de mierda, nos tuvo casi un mes, practicando diario, en bolas. Al principio me dio pena y para apaciguar los nervios nos permitió usar un chaleco de esos con cierre adelante (me acabo de dar cuenta de que mínimo nos hubiera dado droga para calmar los nervios, no ropa). Una vez entradas en el ensayo, gritaba: "¡Vamos, chicas! Quítense el chaleco, ¡O mínimo ábranlo!" y ahí íbamos las tres pendejas, como borregos, a sacarnos nuestros montes pecadores. Nunca nos hizo nada, por ahí no va la historia, sólo nos vio la cara y las tetas a su antojo. Nuestro segundo hit fue: Zombie, de The Cranberries. Ahora sí, eso sí que era rockear.Seis chichitas moviéndose como sal la fina, esa que no se pega y siempre sale. Después de tanto cantar en un cuarto con sábanas que hospedaban ácaros, nos llevó a quién sabe dónde a tomar fotos para la presentación, para el disco y para la imagen. No encuentro ninguna foto y miren que la he buscado pero seguro las tiene el putito, ahora echo un anciano, pegadas en su andadera. El siguiente paso era la primera presentación en público; créanlo o no, nos consiguió una "tocada" (y no, no de piel sino de música) en un "...tepec" en el estado de México. Era uno de esos pueblitos piteros en donde hay dos tiendas de abarrotes que son la misma con dos entradas. Justo el pueblo donde filmaron La Ley de Heródes, San Pedro de los Aguayos, aguados, agudos, no sé, cómo sea, nos consiguió una presentación. Yo no fui, me apena decir que yo sólo tuve 10 minutos de fama, las demás integrantes de la "bandota" tuvieron 15minutos; esta fue su primera y única presentación, y aunque ustedes, todos ustedes, incluso el de hasta atrás que está pensando: "No mames pero qué pendejas viejas...", se atascó el auditorio (y por auditorio me refiero a parque afuera del palacio municipal (casa de Don Querendón) con sillas de plástico y bombones de algodón). El concierto fue un éxito rotundo y la bola de nacos del lugar no paraban de gritar: ¡Otra, otra! "Otra su madre", dije cuando me contaron cómo había estado el show. Yo me desligué del rock y me pasé al área del trance, ya no supe por qué no se volvieron famosas.
Colorín colorado, este cuento se ha adulterado y acabado.
Una vez leí un letrero que decía algo así:
Dios, si no me puedes hacer flaquita, has a mis amigas más gorditas.
